VI Semana de Goya · Del 16 al 25 de septiembre de 2022

«La fantasía, aislada de la razón, solo produce monstruos imposibles. Unida a ella, en cambio, es la madre del arte y fuente de sus deseos»

El artista, el genio

Francisco de Goya y Lucientes es uno de los grandes pintores de todos los tiempos, un genio que marcó una época con un estilo personal e innovador, y que la historia le hecho merecedor de un lugar destacado entre los más grandes maestros. Junto con Velázquez y Picasso forma parte de la gran triada de pintores españoles, parte de la historia artística nacional más brillante.

Este aragonés universal nació el 30 de marzo de 1746 en Fuendetodos, un pequeño pueblo a 45 kilómetros de Zaragoza. La Casa Natal de Goya, declarada Monumento Histórico Nacional, conserva hoy en día todo el aspecto rústico y popular de la época del pintor y es una de las visitas obligadas para comprender y conocer la figura de Goya. Su vida y acontecimientos personales por los que pasó son un fiel reflejo de la época atormentada que le tocó vivir.

Zaragoza fue la ciudad donde inició su formación artística. En el taller de Luzán y en el de su cuñado Francisco Bayeu dio sus primeros pasos como pintor, sin imaginar lo que años más tarde le depararía el arte de la representación.

Retrato de Goya pintado por su amigo Vicente López Portaña

En 1769 quiso completar su formación en uno de los principales focos artísticos de Europa y marchó a Roma. Allí estudió, analizó y aprendió de diferentes obras correspondientes a los movimientos clásicos, renacentistas y barrocos, pero sobre todo, de las pinturas. Ya en España, Goya desarrolla lo que sería su primera gran etapa artística como ‘pintor religioso’, realizando numerosas pinturas en iglesias de Zaragoza y alrededores, tanto murales como lienzos. En estas obras ya refleja su impronta de fuerte carácter así como su capacidad y originalidad técnica. Obras destacadas de estos años son por ejemplo las pinturas en las cúpulas interiores de la Basílica del Pilar o las de la iglesia de la cartuja de Aula-Dei.

En 1775 marcha de la mano de su cuñado Bayeu a Madrid y aquí empieza su ascenso definitivo

Los frescos de las cúpulas del Pilar constituyen una valiosa representación dedicada a la devoción y exaltación religiosa. Es la época en que pinta La adoración del Nombre de Dios, también conocida como la pintura del Coreto, (se encuentra en la bóveda del coreto que hay frente a la Capilla de la Virgen), una obra con clara influencia italiana, de modelado suave y cuidadas formas.

En 1775 marcha de la mano de su cuñado Bayeu a Madrid y aquí empieza su ascenso definitivo. Al inicio, tuvo que trabajar duro y hacerse un hueco pintando bocetos y diseñando modelos para tapices. Descubrió las pinturas de Velázquez y añadió a su paleta la técnica de las manchas y la conjunción de luz y espacios para los retratos. Es precisamente como retratista como empieza ser valorado y comienza a pintar a los españoles más importantes. Pero Goya no tiene límites y no se limita solo al fresco y a los retratos: comienza a trabajar las técnicas de grabado y se convierte en uno de los mejores grabadores de todos los tiempos.

Vuelve a Zaragoza (1780) para realizar un nuevo encargo del Cabildo, el de pintar otra de las cúpulas del Pilar, pues habían quedado muy satisfechos con la que pintó años atrás. Realiza ahora la obra Regina Martyrum, que representa a la Virgen María rodeada por los santos mártires aragoneses a través de un bello colorido y un nuevo lenguaje decorativo, usando las luces de manera magistral. Esta pintura, innovadora e imaginativa y que muestra la fuerza y expresividad del autor, es una de las obras religiosas más importantes de Goya que le consagrará de manera definitiva como un gran pintor.

Pero curiosamente, nada más acabarla recibió duras críticas. Su estilo rápido de brochazos y manchas, sin precisión en el dibujo y dando la sensación de dejar las figuras inacabadas, no gustó ya que se prefería un estilo más definido y elegante al hilo de su primera pintura.

En 1793, una grave enfermedad le deja totalmente sordo, pero sigue siendo pintor de Cámara y retrata a la Familia Real

Al terminar esta obra regresa de nuevo a Madrid y se asienta definitivamente como uno de los grandes pintores. Es elegido académico de la Real Academia de San Fernando, se convierte en pintor del rey Carlos III y más tarde, primer pintor de cámara del rey Carlos IV. Adquiere fama y su nombre es ya conocido por todos, pasando a ser el pintor de retratos más importante del momento y objeto de deseo por parte de la clase noble, burguesa y eclesiástica.

En 1793, una grave enfermedad le deja totalmente sordo, pero sigue siendo pintor de Cámara y retrata a la Familia Real.

Continúa con el dibujo, realizando sus famosas series de grabados críticos y punzantes, como los ‘Caprichos’, en donde representa y refleja la profunda crisis social y de valores del país. Es un estilo pictórico absolutamente personal en el que saca a relucir toda su fuerza expresiva. Olvidando totalmente las tendencias de la moda y los principios de la Academia, produce unas obras de una modernidad extraordinaria.

En 1808 estalla la Guerra de la Independencia y España sufre la violencia y el caos. Es el contexto histórico en el que desarrolla pinturas magistrales como Desastres de la Guerra, La carga de los mamelucos o Los fusilamientos de la Moncloa.

El final de la guerra da paso a una de las etapas más impactantes del autor, las Pinturas Negras, una serie de óleos que expresan los pensamientos más terribles y pesimistas del pintor. Atormentado y angustiado, saca a la luz la esencia de sus pensamientos y creencias en esos momentos tan difíciles para él.

Sus últimos años de vida los pasó en Burdeos (Francia), muriendo allí el 16 de abril de 1828.